Unos días de vacaciones
Unos días de vacaciones
Un año más he podido disfrutar de unos días de vacaciones en mi pueblo natal
de Castilla. Han sido un derroche de tranquilidad, sin aglomeraciones ni
colas, sin ruidos ni zonas azules para aparcar, con el móvil desconectado...
Días de lectura tranquila, de reflexión serena, de escribir sin prisas,
desconectado de Internet...; de pasear por los campos y de apreciar la
maduración de las uvas y la calidad del vino; de lectura gozosa de la
naturaleza: en el tomillo y el romero, el espliego y la salvia...; de
disfrute en la bodega, al caer la tarde, de una breve merienda con vino de
la tierra en compañía de la familia o de los amigos de la infancia; de
gozar de lo que añoramos los que procedemos del medio rural: las vastas
llanuras, o los valles y montañas, la vida sencilla, eso de lo que nos
aparta el trabajo en la ciudad.
Me maravillo de ver cómo personas que viven separadas por muchos kilómetros
y se ven sólo en vacaciones, se dedican desinteresadamente a preparar una
fiesta. Me he acordado, sin nostalgia, de la acumulación de gente en las
playas y en las proximidades de la Costa Brava. Sin duda, el campo, la
montaña, el medio rural son otra forma de descanso, no sé si mejor, pero,
para mí, más serena y agradable.
Jesús Domingo Martínez

